Oportunidades ante el COVID-19

Ante la pandemia del COVID-19, estamos rodeados de infinidad de declaraciones, estudios, notas y opiniones acerca de la terrible crisis y de sus catastróficos efectos en materia sanitaria y económica; lo que más preocupa es la incertidumbre y la desesperanza social. Sin embargo, el coronavirus no es solamente un gran desafío, sino que también constituye una enorme oportunidad para el cambio y la reinvención del sistema político y del funcionamiento socioeconómico mundial. Los retos exigen creatividad, es decir, demandan modificaciones en la manera en que la sociedad y el gobierno tienen de actuar.

La primera enseñanza de estos difíciles meses es que ahora más que nunca la academia, los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil deben trabajar unidos, de manera coordinada, para cambiar el enfoque de sus acciones y generar políticas públicas innovadoras, capaces tanto de resolver los problemas inmediatos como de prever y adelantarse a escenarios futuros, a mediano y largo plazo. Todas y todos estamos obligados a analizar críticamente la situación y a replantear prácticas de toda índole que hasta inicios de este año considerábamos “normales”. La pandemia cambiará los hábitos de la población y la forma de hacer negocios. También los Estados tendrán que hacer modificaciones profundas en el diseño y la implementación de sus programas.

A nivel geopolítico, habrá que repensar y reestructurar la función y la manera de operar de las instituciones internacionales, así como la forma en que los distintos países forman parte de ellas. Un buen ejemplo de lo anterior es la plataforma de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) Business for Inclusive Growth donde más de 40 empresas trasnacionales colaboran para generar políticas que detonen un desarrollo inclusivo en el mundo.

México y América Latina no son ninguna excepción. Está a nuestro alcance una gran oportunidad para renovarnos ante esta coyuntura, resolver problemas históricos y diseñar modelos que permitan crear nuevos y mejores empleos: se trata de fortalecer y generar ecosistemas que en la etapa de la pandemia y en el periodo siguiente serán altamente productivos, dando empleos bien remunerados y brindando así mejores condiciones de vida a las familias.

De inmediato, por ejemplo, cabe señalar que la mejor manera de atraer la inversión y promover el turismo está en cómo el gobierno y las autoridades enfrentan la crisis. Para ello, debemos explotar con inteligencia el modelo de la subcontratación, que también permite reclutar, capacitar y administrar de manera emergente los puestos de trabajo en el sector salud que se requieran. Igualmente puede servir para que a largo plazo se instrumenten responsablemente todos los nuevos empleos, cuyas principales características serán el uso de nuevas tecnologías, los altos índices de digitalización y los requerimientos de habilidades y competencias específicas.

Es evidente que la pandemia está abriendo un amplio espectro de nuevos sectores económicos en virtud de los recientes hábitos y patrones de consumo, así como de la rearticulación de cadenas de valor en los mercados. En consecuencia, cualquier inversión que se haga tiene que ser estratégicamente localizada. Hay que tomar en cuenta, entonces, que numerosos sectores vinculados a la manufactura migrarán de China y de los países asiáticos, por lo cual es indispensable desarrollar estrategias para aprovechar estas áreas de oportunidad, siempre en beneficio de las personas. De igual manera, habrá que explotar la economía digital, vinculada de forma directa a la innovación. Es fundamental que los ciudadanos tengan las habilidades necesarias no sólo para hacerle frente a estos cambios, sino para encabezarlos, resolviendo problemas de forma multidisciplinaria.

Por otra parte, en materia de salud pública, ahora tan visible, las potencias de Asia son prueba fehaciente de que las aplicaciones y los dispositivos digitales domésticos son una herramienta inmejorable para la detección, el control y el seguimiento del virus (y de cualquier enfermedad). También se están utilizando tecnologías y utensilios más sofisticados como los drones, las plataformas analíticas de datos, la inteligencia artificial, la red 5G, entre otros muchos. De nuevo, es necesario traer a cuento la subcontratación laboral, pues en México dicho esquema está directamente asociado con el incremento en la productividad, la capacitación y el uso de nuevas tecnologías.

Si el gobierno mexicano ha de garantizar los derechos básicos a las personas (salud, trabajo, educación, etc.), es indispensable que recurra para ello al sector privado y a la sociedad civil; de igual forma es menester, según lo prueba el actual panorama, que utilice la tecnología. Modelos como la educación a distancia, el teletrabajo o el reporte digital de salud serán protagónicos en el futuro próximo, incluso después de que termine la cuarentena. A partir de ahora, según la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para garantizar los derechos humanos las naciones están obligadas a apoyarse en las nuevas tecnologías; complementariamente, tendrán que brindarle acceso a ellas a la gente.

Tanto la OCDE como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) han hecho un llamado a aprovechar los recursos digitales para hacerle frente a la pandemia. Pero han ido más allá. Esta última institución expuso en su reciente informe conjunto con otras organizaciones Las oportunidades de la digitalización en América Latina frente al COVID-19 que la infraestructura en telecomunicaciones, el acceso a internet (ahora un derecho fundamental) y las habilidades de los trabajadores son fundamentales para soportar la economía, para garantizar los derechos de las personas y para mantener la estabilidad social. La digitalización es una política pública urgente, que tiene que ocurrir transversalmente en todas las esferas sociales y económicas.

Con la pandemia del COVID-19 el mundo está enfrentando la peor crisis sanitaria de la historia reciente, pero también los gobiernos tienen una gran oportunidad para detonar acciones inmediatas y estrategias a largo plazo. Hoy más que nunca deben trabajar de la mano la academia, el sector privado, el sector público y la sociedad en general. Este es el reto por donde debemos comenzar. Nadie puede solo.

Fuente: El Economista / Elena Achar

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