La equidad de género en las empresas

La participación de las mujeres en las empresas en México venía en aumento. Cada vez más organizaciones en nuestro país mostraban una creciente participación femenina tanto en roles de liderazgo como en posiciones operativas ocupadas por mujeres. Si bien, diversas estadísticas coincidían en reportar avances, la realidad es que aún no hay verdaderos progresos que celebrar.

En nuestro país la inclusión de la mujer en el empleo formal, tanto en la cantidad de posiciones que ocupan como en la calidad de los roles que desempeñan, están muy lejos los objetivos trazados en las metas de desarrollo sostenible, particularmente los relativos a lograr la igualdad entre los géneros.

Los avances de la participación femenina en las empresas se han dado por diversos motivos, por un lado, más mujeres abriendo espacios y rompiendo paradigmas dando así lugar a más voces impulsando la agenda de equidad de género y, por otro lado, más organizaciones tomando conciencia y realizando acciones afirmativas de equidad de género como parte de sus estrategias corporativas.

Desde el 2014, el porcentaje de empleo femenino registrado ante el IMSS arrojó una tendencia al alza; durante cinco años consecutivos el indicador mostró un crecimiento. Al arranque del año pasado, en México, de cada 10 mujeres, 4.5 eran parte de la población económicamente activa, contrastando con casi 8 de cada 10 hombres. Si bien el número de mujeres con un empleo formal en nuestro país al arranque de 2020 alcanzó su número más alto, estábamos aún muy lejos de los estándares globales. Avanzábamos a paso lento y no contábamos con los terribles efectos de la pandemia.

La crisis provocada por el COVID-19 ha tenido efectos devastadores en el mundo y particularmente las mujeres lo han resentido. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha señalado en su informe La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad que la crisis generada por la pandemia ha impactado negativamente en la ocupación y en las condiciones laborales de la mujer en toda la región. Con el COVID, la participación de las mujeres en el mercado laboral ha significado un retroceso de diez años.

En México el impacto de la crisis fue inmediato, tanto hombres como mujeres lo resintieron, las estadísticas mostraron una reducción tanto del empleo masculino como femenino, sin embargo, con la reapertura de las actividades económicas se vio una marcada diferencia: el indicador de empleo masculino se ha recuperado más rápido, en cambio el de las mujeres se ha quedado estancado. En nuestro país, con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), entre los sectores económicos con mayor reducción de empleo femenino destacan el de preparación de alimentos, el empleo doméstico y el comercio.

El retroceso que la pandemia ha significado para la mujer debe ser visto no sólo como un paso atrás en la agenda de género, sino como un retroceso en las economías. Que hoy menos de cuatro de cada diez mujeres en edad laboral tengan un empleo fuera del hogar no sólo debe ser visto como un tema de derechos, sino como prioridad económica.

Diversos estudios han demostrado que la incorporación de la mujer al trabajo formal impulsa el PIB de las naciones. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en conjunto con el PNUD, publicó en el 2019 la serie Igualdad de género es un buen negocio, en el que aborda las ventajas que cerrar la brecha salarial conlleva para los países.

Que las mujeres salgan de la economía formal debe sin duda abordarse desde diversos ángulos, algunos de los cuales son alarmantes. Al estar fuera de la economía formal, la vulnerabilidad de las mujeres incrementa. La violencia a razón de género puede acrecentar y en muchos casos la dignidad de su persona verse afectada. Entre los datos que preocupan está el reportado por la asociación Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer que recién informó que tan sólo en la Ciudad de México el número de trabajadoras sexuales se ha duplicado. Antes de la pandemia había 7,700 trabajadoras sexuales, actualmente el número ha aumentado a 15,200. Si la agenda de igualdad y equidad era necesaria hoy se torna crucial.

Marzo suele ser el mes en que las organizaciones dedican para celebrar y promover una mayor participación de las mujeres, realizando eventos diversos principalmente en torno a las conmemoraciones del ocho de marzo. Tomar conciencia en las empresas de los efectos devastadores que la pandemia ha tenido hacen que la agenda en la promoción de la igualdad esté al centro de las acciones y estrategias corporativas.

Hoy es más relevante que nunca trabajar por la verdadera equidad de género en las empresas.

Fuente: Reforma / Álvaro García Parga

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