Covid-19: problema global, soluciones locales

Todos los países nos enfrentamos en este momento a la pandemia del coronavirus y, con ella, a la crisis económica y a la drástica pérdida de empleos. Instituciones internacionales han exhortando a los distintos gobiernos para contener los graves efectos que el Covid-19 traerá consigo. Las naciones del mundo han diseñado estrategias para aminorar el número de contagios y diseñar políticas para enfrentar la crisis económica y psicológica que esto trae en las familias.

Ante la crisis sanitaria, económica y psicológica, los sectores más vulnerables son las pequeñas y medianas empresas y, con éstas, los empleos que detonan.

Los datos son contundentes. De acuerdo con el Inegi, las actividades terciarias (los servicios) constituyen casi 64% del PIB, del cual las actividades secundarias (la industria) representan 28.5 por ciento. También este último sector se ha visto muy abatido, ya que se han detenido cadenas de suministros y procesos productivos globales. Si la población no sale de su casa, las micro, pequeñas y medianas empresas y los comerciantes no encontrarán una fuente de sustento. Pueden dispararse, incluso, los niveles de criminalidad. Las peores consecuencias de los problemas globales son locales, vernáculas.

Por este motivo, además de los créditos del Ejecutivo federal, creo que la solución contundente ante el problema global es que los gobiernos locales actúen. Los gobiernos regionales deben implementar políticas de fomento a las economías locales con el objetivo de que las familias tengan un ingreso a pesar de la crisis sanitaria, promoviendo que psicológicamente se respire un clima de tranquilidad ante el caos y aislamiento social.

Los gobiernos locales deben ser protagonistas, proactivos y responsables para detonar el mercado interno de sus áreas. La pandemia obliga a generar estrategias locales para reactivar economías locales.

Es ahora el momento en el que la sociedad civil, el sector privado y el gobierno deben hacer alianzas locales: el primer reto a enfrentar es el desempleo, ya que las personas que queden desempleadas necesitan llevar alimento a sus casas y no tendrán otra opción que la violencia. Asegurar que la gente siga recibiendo un ingreso equivale a dar confianza psicológica, lo cual contribuye a generar una economía más estable y, por lo tanto, a que haya menos violencia. Los gobiernos locales pensarán en hacer uso del presupuesto para el rubro de seguridad; sin embargo, una gran vacuna virtuosa y preventiva es utilizarlo en la creación de un seguro de desempleo y facilitar el pago de nóminas. Sólo de ese modo se estimulará a las economías regionales, mientras duran la emergencia y postemergencia.

La alianza público-privada debe comenzar por un seguro de desempleo: el gobierno local debe financiar una parte y las empresas locales otra, con el objetivo de que cocineros, meseros, recepcionistas, madres solteras, adultos mayores, entre otros, no dejen de recibir su salario. El reto es enorme, pero si no creamos alternativas de financiamientos de nómina seremos testigos del aumento exponencial de la criminalidad. Hay millones en este contexto que deben elegir entre trabajar y comer. Debemos comenzar localmente. Para que estos seguros dinamicen las economías regionales, 60% de sus fondos deben correr a cargo de los gobiernos locales (municipales o estatales). De ese modo, mientras a escala nacional se emprenden otro tipo de acciones, se articulan redes pequeñas, flexibles y efectivas para que las personas trabajen y consuman, aunque sea en zonas no extensas.

Parte de los seguros no tienen que darse en moneda corriente. De ellos, 40% puede estar constituido por vales para que la gente consuma localmente y se estimule la economía de una zona, por lo tanto, exista la liquidez para mantener un porcentaje del seguro de desempleo.

Consumir lo local suena fácil, pero ante una pandemia así debemos recurrir a la tecnología y construir cadenas logísticas locales de entrega a domicilio. Las familias consumirán productos y servicios solamente locales. La finalidad de esto es promover los intercambios económicos entre quienes verdaderamente lo requieren. Este tipo de programas parece inalcanzable. Sin embargo, con la asesoría de instituciones financieras y de empresas dedicadas a administrar legal y profesionalmente el capital humano tenemos la capacidad de diseñar soluciones emergentes.

Es menester salvar a los negocios más vulnerables. Por ejemplo: según los estudios de JPMorgan, ante esta crisis, son los restaurantes las empresas que morirán con más rapidez y son los que en las localidades pueden dotar de vales para consumo en los mismos.

Complementariamente, debe aprovecharse este periodo de distanciamiento para que la clase trabajadora se capacite vía remota y pueda adquirir las habilidades y capacidades que el sector privado necesita (como idiomas o conocimientos en manejo tecnológico, etcétera). La capacitación permite a la gente ascender de puesto, mejorar su eficiencia y productividad, percibir salarios más altos y, por otro lado, las empresas tendrán talento humano más capacitado y, con ello, mayor productividad y crecimiento.

Con este fin, el gobierno, las mipymes y las empresas en general podrán contar con los servicios de la subcontratación, ya que una de las principales tareas de esta industria es la de capacitar al personal que tercerizan con el fin de que puedan realizar plenamente su trabajo.

Las empresas de subcontratación serán claves en este proceso, ya que, gracias a los recursos con los que ya cuentan, pueden administrar la nómina de las empresas que durante la pandemia no serán capaces de hacerse cargo de ella y, además, ofrecerán los servicios de capacitación que el sector privado requiera.

En síntesis: el Covid-19 es un problema global, pero su solución puede ser, en cierto grado, local. Los gobiernos y el sector privado habrán de trabajar de la mano, con seguros de desempleo que ayuden a estimular las economías regionales y con capacitaciones de upskills. Para ello, será necesario recurrir a quienes ya cuentan con las herramientas para hacerlo.

Todas y todos estamos en el mismo barco. El virus y la caída de la economía son problemas comunes. Sólo si articulamos esfuerzos podremos salir adelante.

Fuente: El Economista / Elena Achar

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