Business as unusual: la pandemia y el futuro del trabajo

La pandemia por el COVID-19 marcó un antes y un después en la forma en que las personas llevan a cabo sus actividades cotidianas. Por su alta capacidad de transmisión, el impacto del virus ha sido disruptivo y se ha extendido a múltiples sectores de la sociedad, particularmente en el mundo del trabajo. A fin de contener la propagación de los contagios y con ello evitar la pérdida irreparable de vidas humanas, los Gobiernos de prácticamente todos los países se vieron en la necesidad de adoptar medidas de contención y confinamiento a gran escala.

Las medidas adoptadas permitieron evitar, hasta cierto punto, una rápida propagación del virus en ciertos países, a costa de una parálisis en la economía mundial ya que muchas empresas se vieron forzadas a detener sus actividades, algunas de manera temporal y otras de forma permanente. A su vez, esto propició una interrupción en las cadenas globales de valor en amplios sectores, especialmente en el de servicios, lo cual ha desencadenado en una profunda crisis económica no vista desde la Gran Depresión.

Más allá de la forma en que se desarrolle la pandemia en los próximos meses, trajo consigo cambios que prometen evolucionar la forma de trabajar de cara al futuro, los cuales se acentuarán aún más en la medida que se recuperan las economías y avanzan las transformaciones tecnológicas en el mundo laboral. Sin embargo, estos cambios conllevan la desaparición o la sustitución de algunos empleos tradicionales por otros de nueva generación que demandan mayores conocimientos y habilidades digitales por parte de los trabajadores. En ese sentido, han surgido algunas preocupaciones, especialmente ante la duda sobre si realmente estaremos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades que podría ofrecer el futuro del trabajo, una vez superada la crisis en la que el mundo se encuentra inmerso.

El futuro del trabajo: ¿una nueva normalidad?

Antes de la pandemia ya había un amplio debate sobre las implicaciones que la tecnología tendría sobre el futuro del trabajo. Aunque este futuro está cada vez más próximo, más aún por el fuerte impulso que la pandemia le ha dado a la digitalización de la economía y el trabajo. Muchas empresas avanzan, por un lado, hacia una mayor digitalización de sus procesos, especialmente de suministro y comercialización, a fin de reducir los riesgos ante posibles nuevas interrupciones en las cadenas globales de valor, y con ello mejorar la coordinación de sus operaciones y aumentar su productividad. Por el otro, buscan migrar su producción hacia sistemas digitales más sofisticados e incluso automatizados, con lo cual harían mucho más eficientes las operaciones mediante la reducción de tiempos, costos y empleo de recursos humanos.

Dichos procesos ya pueden observarse, por ejemplo, con la adopción del teletrabajo como una nueva forma de trabajo, y mediante la cual los empleados pueden llevar a cabo sus actividades desde casa o cualquier otro lugar que no requiera estar presente físicamente en un espacio determinado. Ante las restricciones y las medidas de confinamiento, este esquema permite que los trabajadores continúen desarrollando sus actividades laborales, sin poner en riesgo su salud ni su principal fuente de ingreso.

De acuerdo con un análisis realizado por el Pew Research Center, en los primeros 3 meses de la pandemia en Estados Unidos, el 90% de la pérdida de empleos provino de los puestos de trabajo que no podían adaptarse al teletrabajo. Además, la OIT calcula que en los países de altos ingresos, el 27% de los empleados podría trabajar de forma remota desde su hogar, ya que tienen el tipo de trabajo y cuentan con acceso a la infraestructura y las tecnologías que lo hacen posible. Sin embargo, esta nueva forma de trabajo presenta algunas complejidades inherentes: 1) la falta de regulación y mecanismos para asegurar su cumplimiento; 2) las brechas digitales que impiden realizar el teletrabajo, sobre todo en el sector informal, y 3) la necesidad de acceso a infraestructura y conocimientos esenciales para poder desarrollar el teletrabajo de manera eficiente.

Si bien los avances tecnológicos han revolucionado la vida laboral y prometen transformar aún más el mundo del trabajo, suponen desafíos y oportunidades en el mediano plazo. Por ejemplo, la automatización y los avances en la inteligencia artificial sustituirán buena parte de los empleos actuales en múltiples sectores. De acuerdo con la OCDE, en México el 60% de los empleos tienen un riesgo alto o significativo de automatización en los próximos 10 a 15 años, y un 32% adicional de los trabajos puede cambiar de manera significativa. No obstante, las nuevas formas de compartir conocimiento mediante las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la infotecnología facilitarán la creación de nuevas industrias y ocupaciones con mejores salarios, especialmente en el sector servicios. La paradoja es que, ante la falta de habilidades digitales en países como México, será difícil aprovechar las vacantes y habrá escasez de oportunidades laborales para los más desfavorecidos. El 31% de las empresas en el país asegura tener dificultades para encontrar las habilidades que requieren en los trabajadores, y es que 6 de cada 10 trabajadores mexicanos no tienen competencias básicas en TIC o carecen totalmente de experiencia en informática.

Es muy probable que la recuperación económica después de la pandemia genere nuevas oportunidades de empleos, mismos que podrían volverse obsoletos en la medida que avanza la digitalización de la economía y el trabajo. A pesar de que esto tomará tiempo, podría dejar desprotegidos a los grupos más vulnerables, con especial atención en los jóvenes. Por lo tanto, una estrategia de recuperación del empleo debe estar centrada en desarrollar las capacidades de la fuerza laboral para los trabajos del mañana, y preocuparse menos en cuidar los del presente. En 2018, la presidencia argentina del G-20 colocó la agenda del Futuro del Trabajo como un tema transversal que abarca varias líneas de trabajo en este sentido. Asimismo, la Declaración del Centenario de la OIT sobre el futuro del trabajo adoptada en 2019 es un referente importante al respecto.

La pandemia es una oportunidad para reconstruir mejor el modelo laboral para que sea uno más incluyente, pues representa un cambio en la forma en cómo las sociedades conciben el futuro del trabajo, lo cual necesariamente pasa por tener sistemas educativos más robustos y con una estructura centrada en la ciencia y la tecnología. En ese sentido, la “nueva normalidad” exigirá también un cambio de paradigma en la enseñanza y la forma en que las personas aprenden y se preparan para responder a las nuevas exigencias de la era digital.

Fuente: Foreing Affairs / Jorge O. Armijo de la Garza

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