América Latina y el empleo en la era del COVID-19: el futuro se adelantó

No hay dudas: al vértigo productivo y tecnológico y las crisis recurrentes, hay que añadirle el vértigo de la pandemia. América Latina frente a una nueva tormenta: ¿está la región preparada para nuevas formas de trabajo y educación?

Desde el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), junto a Google y la Asociación Latinoamericana de Internet, realizamos una investigación a partir de una encuesta a más de 1,100 empresas en Argentina, Chile, Brasil, México y Colombia, sobre el futuro del empleo, competencias y habilidades, en sectores con potencial exportador. Los hallazgos son reveladores y nos dan una radiografía precisa de dónde estábamos parados el día cero de la pandemia y hacia dónde deberíamos ir.

Sólo el 24% de las compañías utiliza el teletrabajo regular y 33% esperaba que esta modalidad creciera en el futuro. En el caso de las empresas de servicios, este valor asciende al 41%, aunque actualmente, con la pandemia a escala planetaria, seguro que esta cifra es mucho mayor. Las compañías debieron haberse ajustado.

No es un escenario fácil. A la caída brutal de la demanda, se suman las limitaciones de oferta. Mucho se habla en estos días del teletrabajo, pero por más que las firmas puedan hacer efectiva esta modalidad, son sólo algunas las que podrán seguir produciendo los mismos bienes y servicios en un escenario azotado de adversidades. La región se encuentra por primera vez en mucho tiempo frente a una encrucijada sin un horizonte claro a la vista.

Entre las compañías existe una elevada difusión de las tecnologías 4.0: el 60% de las empresas adoptó tecnologías de plataformas digitales, servicios móviles y de computación en la nube. De todas ellas, el sector que más innovó fue el de servicios. Hasta ahora, el avance tecnológico era sinónimo de crecimiento y progreso. Hoy ya no es suficiente. Este cataclismo en el que estamos inmersos, nos lleva a cuestionarnos si, incluso estas empresas, podrán salir ilesas de la crisis o al menos no tan perjudicadas.

La pandemia parece encontrar a las empresas en un escenario de bajo interés en conocimiento, talento y tecnología. Sólo el 28% de las firmas realiza inversiones en investigación y desarrollo. Estas pocas empresas seguramente están más fuertes para enfrentar la crisis. La inversión en investigación y desarrollo es fundamental. La evidencia indica que cuanto más se invierte en I+D, más se incrementa la productividad.

La colaboración Estado-empresas también deja mucho que desear. El 32% de las firmas desconoce la existencia de planes gubernamentales para capacitar trabajadores y el 24% no participaba de estos, según dicen, debido a procesos administrativos engorrosos. Si antes sentíamos tener un Estado ausente, deficiente y remoto, hoy es momento de tener un Estado más presente y en acción.

Las habilidades más demandadas por las empresas son: resolución de problemas complejos, manejo de procesos, ciencia, tecnología, ingeniería y matemática y habilidades emocionales y conversacionales. Y 3 de cada 10 firmas declaran carencia de personal en este sentido.

Ante a estos retos en el mundo laboral tan apremiantes: ¿hacia dónde deben dirigirse las políticas vinculadas con educación y empleo para aligerar la tormenta?

Actualización de los contenidos en educación. En los últimos 20 años, América Latina ha buscado aumentar la cobertura y el acceso a la educación. Esta fue una respuesta acertada y lógica a los problemas históricos de exclusión. Pero existe insuficiente actualización en los contenidos formativos, profundizándose la distancia que separa las habilidades y competencias de los trabajadores en relación a los requerimientos del sector productivo. Como la investigación realizada por el INTAL-BID evidencia, se enseñan disciplinas que la sociedad no necesita.

Es necesario entender que este es un desafío enorme. Hasta ahora, a pesar de que no contábamos con trabajadores que tuvieran las habilidades que realmente se demandan, teníamos claro cuáles eran esas habilidades. Pero ahora hay que barajar y dar de nuevo. Hoy se necesitan más médicos, enfermeros/as, especialistas en comercio electrónico, repositores/as de supermercados y operarios/as para fábricas alimenticias, por nombrar algunos. Cuando pase la tormenta podremos saber cómo efectivamente cambió la demanda y recién ahí podremos capacitar a trabajadores y educar a estudiantes en función de ella. El desafío se ha duplicado.

Las políticas vinculadas al mundo laboral y educativo no deben ser esfuerzos aislados. Hay claras sinergias por aprovechar a partir de la colaboración entre países y entre los acuerdos y bloques de integración que existen. Una de las lecciones es la importancia de la coordinación a nivel regional y global. Es necesario por lo tanto reimaginar las políticas, para que la oferta laboral no se aleje aún más de la demanda, con colaboraciones público-privadas, nuevos métodos de aprendizaje que tengan en cuenta las limitaciones en el acceso a internet y empresas que adopten métodos flexibles como el teletrabajo. El COVID-19 nos obliga a reflexionar: cómo readaptarnos a las nuevas formas de trabajo, conexión y educación. Nada será como antes. El desafío es no sucumbir en el intento. El futuro se adelantó y es hoy.

Fuente: Clarín / Ana Basco

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