Lectura Recomendada No. 17

Reabrir discusiones en torno a la Ley Federal del Trabajo obstaculizaría la aprobación del T-MEC

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Te recomendamos leerlo porque expone claramente cómo el reformar en estos momentos la Ley Federal del Trabajo en materia de subcontratación afectaría la aprobación del T-MEC, el cual es un acuerdo comercial de vital importancia para el desarrollo económico del país.

Un dato: Bajo las condiciones actuales, no deben reabrirse precipitadamente las discusiones en torno a la reforma laboral (que incluyen la subcontratación), pues ello pondría en riesgo un acuerdo comercial del que depende la economía y el porvenir de México y generaría incertidumbre en la inversión y el comercio de nuestro país.

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Ante un panorama internacional sumamente delicado, el gobierno federal está concentrando justificadamente todas sus fuerzas en la pronta ratificación del T-MEC, un acuerdo comercial del que depende la economía de México (Estados Unidos es el primer socio comercial de nuestro país), cuya aprobación pende de un hilo.

Prueba de esta urgencia es que el presidente de México haya recibido a los legisladores estadounidenses Richard Neal, Jimmy Gómez, Bill Pascrell, Jimmy Panetta y Dan Kildee y que, de manera excepcional, se haya sumado al cabildeo legislativo con una carta dirigida al congresista Richard Neal en la que se compromete a implementar la reforma a la Ley Federal del Trabajo aprobada el 1 de mayo del año en curso, para que se pueda ratificar el T-MEC.

Dicha reforma cuenta, en términos generales, con la aceptación del Congreso de Estados Unidos, de las empresas norteamericanas, del gobierno de Donald Trump y de los grupos sindicales que más presencia tienen en nuestro vecino del norte. Así, tanto el líder sindical de la AFL-CIO como el Comité de Medios y Procedimientos del Congreso de Estados Unidos se han manifestado a favor de la Ley Federal del Trabajo mexicana.

La reforma laboral impulsada por el Ejecutivo federal mexicano —cuyo eje es el aumento de los salarios y el fortalecimiento democrático de los sindicatos— se implementará en un plazo de cuatro años. En el contexto actual, la estabilidad de esta reforma es de primer orden, puesto que cualquier iniciativa que ponga en entredicho sus fundamentos generará incertidumbre política y aplazará (acaso anulará) la aprobación del T-MEC, de la cual, hay que insistir, depende en gran medida la economía y el futuro del país. Es por esto que, momentáneamente, el presidente Andrés Manuel López Obrador asumió en la carta previamente dicha el compromiso de que en su gobierno se “mantendrá esa política sin variaciones”.

En este sentido, hasta que haya sido aprobado el T-MEC, también es conveniente ser cuidadosos con las discusiones en torno a la subcontratación, un esquema laboral en el que, según estimaciones de TallentiaMX, trabajan más de 8 millones de mexicanos y del que dependen más de 40 millones de connacionales.

De manera general, debe tenerse presente, por un lado, que la subcontratación, cuando sirve a la administración responsable del talento humano, puede ayudar a disminuir la informalidad (que este año alcanzó a más de 30 millones de mexicanos), a crear redes comerciales eficientes que generen desarrollo económico y a ofrecerle seguridad social y perspectivas de crecimiento a los trabajadores.

Por otra parte, los objetivos prioritarios del T-MEC son fortalecer y agilizar las relaciones comerciales y la competitividad en América del Norte, generar un comercio incluyente y responsable y aprovechar los nuevos esquemas económicos que en el siglo XXI se han vuelto indispensables. De tal suerte que debe atenderse con mucho detalle el caso de la subcontratación, puesto que es un esquema que multiplica la utilización de nuevas tecnologías, que favorece a las pequeñas y medianas empresas (las pymes suman 97% de los clientes de subcontratación en el país) y que, bien implementado, no sólo beneficia a México y a la integración económica, sino que está en sintonía con aquello que el T-MEC busca conseguir.

Canadá, México y Estados Unidos debemos consolidarnos como uno de los bloques comerciales más grandes del mundo, sobre todo si tomamos en cuenta la inestabilidad del panorama mundial, determinada por la competencia económica entre China y Estados Unidos, por los movimientos independentistas en Europa y por el Brexit.

Pero, sobre todo, bajo las condiciones actuales, no deben reabrirse precipitadamente las discusiones en torno a la reforma laboral (que incluyen la subcontratación), pues ello pondría en riesgo un acuerdo comercial del que depende la economía y el porvenir de México y generaría incertidumbre en la inversión y el comercio de nuestro país. Menos aún deben implementarse agendas que criminalicen a la subcontratación, que no contemplen las nuevas necesidades tecnológicas y laborales y que impulsen la informalidad y la precarización.

Dado que en nuestro país más de 40 millones de personas dependen indirectamente de algún tipo de subcontratación, ésta debe ser tratada con mucho más cuidado que cualquier iniciativa que ponga en entredicho la estabilidad de este esquema. A la larga, en lugar de seguir los pasos del gobierno ecuatoriano de Rafael Correa, que prohibió cualquier tipo de tercerización, debe legislarse positivamente en favor de los trabajadores y aprovecharse este modelo para disminuir la economía informal, que este año alcanzó a más de 30 millones de mexicanos (la cifra más alta de la que se tiene registro) y que es causa directa de la precarización y del lento desarrollo económico.

En el 2017, según datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el comercio bilateral ascendió a más de 500,000 millones de dólares. Las exportaciones de México a Estados Unidos sumaron más de 326.9 mil millones de dólares, mientras que las importaciones alcanzaron 194.5 mil millones de dólares. Gran parte de este intercambio se da en la frontera norte de México, donde la subcontratación ha jugado un papel fundamental.

En síntesis: si ya de antemano no debe aprobarse ninguna reforma precipitada que exponga de inmediato a más de 40 millones de personas, a causa de que la subcontratación es un esquema laboral del que depende nuestra economía y que bien regulado puede servir para resolver los grandes problemas que enfrenta nuestro país, menos aún debe de hacerse esto ahora, cuando cualquier nueva iniciativa en materia laboral podría obstaculizar y hasta suspender la aprobación del T-MEC, cuyo potencial es el de cuadriplicar el comercio en Norteamérica.

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