Lectura recomendada No. 24

La subcontratación enlaza el talento humano y las innovaciones tecnológicas; deben detenerse iniciativas prohibicionistas

Por Elena Achar

Te recomendamos leerlo porque demuestra como la subcontratación impulsa a los sectores económicos que, como la maquila avanzada que usa intensivamente la tercerización, dependen del talento humano altamente capacitado y, en ese sentido, el futuro del trabajo estará marcado por las nuevas tecnologías que demandarán ese talento.

Un dato: La Inversión Extranjera Directa está estrechamente vinculada con la subcontratación, por lo que toda nuestra economía depende indirectamente de dicho régimen.

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La subcontratación está en todos los sectores económicos y atraviesa las industrias de manera transversal. Abarca tanto puestos sumamente especializados como tareas que, sin serlo, no forman parte central de las actividades de las empresas. Por esta razón, es un esquema de trabajo al que recurren los países que están a la vanguardia tecnológica y laboral. En México, de este modelo dependen, en buena medida, todas las regiones del país, desde la maquila electrónica en Tijuana hasta las actividades hoteleras de la península de Yucatán, pasando por la industria aeroespacial del Bajío.

Favorece principalmente a los sectores económicos que, como la industria y los servicios, dependen del talento humano altamente capacitado y que, en consecuencia, recurren a empresas de tercerización para que administren profesionalmente su personal, en un universo laboral que pasa por una transformación profunda, determinada, entre otros factores, por las innovaciones tecnológicas.

El futuro laboral estará marcado por el desarrollo de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la red 5G, la computación en la nube, el análisis de datos (big data) y los conocimientos de lenguajes y plataformas de última generación. Estos avances demandan que los trabajadores posean nuevas competencias para desarrollar sus actividades. Deberán seguir fortaleciéndose modelos como la subcontratación, que sirven para aprovechar de manera flexible el talento de las personas y para brindarles destrezas vinculadas con las nuevas necesidades que exige el porvenir del mundo laboral.

En nuestro país, ya inició este proceso. Un ejemplo paradigmático es que, de acuerdo con el Inegi, los servicios y la industria manufacturera son dos de los sectores económicos más importantes. El primero emplea a 18.2 millones de personas, mientras que el segundo alcanza a 9.1 millones; en conjunto, 27.3 millones de connacionales laboran en estas actividades. Ambos sectores se encuentran en pleno desarrollo tecnológico y, por lo tanto, necesitan talento humano profesional y preparado, que la subcontratación, según está definida actualmente por la LFT, ofrece, sobre todo en la manufactura avanzada y en los servicios financieros.

Sin embargo, ante la creciente demanda de personal capacitado, a nuestro país lo caracteriza un déficit educativo que debe combatirse. Estudios de la OCDE sobre los índices de escolarización en México señalan que pocos jóvenes reciben una educación que les ofrezca altos niveles de competencias: el índice de escolaridad media superior alcanza únicamente a 54% de las personas y sólo 16% de la población ha cursado estudios universitarios. En los dos casos, la proporción es la más baja de los países de la OCDE. De manera adicional, exclusivamente 42% de los trabajadores contratados de manera regular recibe instrucción en su vida laboral. El catalizador que puede hacer el cambio favorable es la capacitación del capital humano, que es característica de los modelos de subcontratación.

Por otro lado, puede afirmarse que la Inversión Extranjera Directa (IED) está estrechamente vinculada con la subcontratación, por lo que toda nuestra economía depende indirectamente de dicho régimen. En México, según la Comisión Nacional de las Inversiones Extranjeras, se concentra en los sectores que requieren preparación específica y que recurren con frecuencia a la administración responsable del talento humano. La industria manufacturera, que se asiste intensivamente de la subcontratación, acaparó 43% de la IED en nuestro país entre enero y junio del 2019. En el mismo periodo, los servicios financieros y de seguros reunieron 10% de la IED, mientras que la cifra en el sector de la información y medios masivos llegó a 5.4%. Los sectores restantes, que no dependen enteramente del outsourcing, reunieron menos de 17% de la inversión durante el último año. Entre el 2009 y el 2019, la subcontratación aumentó de 20% del empleo formal a 42%. No es coincidencia que simultáneamente haya crecido la IED, alcanzando 18,102 millones de dólares hasta junio de este año.

Entonces, la subcontratación legal, que fortalece la capacitación periódica y que, por su naturaleza, tiende un puente entre las nuevas tecnologías y el talento humano mexicano, es una de las mejores herramientas para asegurar que la inversión en México favorecerá a los sectores más productivos. En este sentido, el Comité Nacional de Productividad (CNP) en el 2015 hizo la recomendación sectorial de que, para aumentar la productividad y atender la obstaculización entre ofertas y demandas, se debe focalizar la atención en los siguientes rubros: apoyo a pymes (36%), capacitación (31%), innovación (19%), formalización (9%) e incentivos laborales (5 por ciento). La subcontratación es precisamente el punto de encuentro entre todas estas áreas de trabajo.

Tomando como base lo anteriormente dicho, México debe concentrarse en potenciar la actualización del universo laboral, haciendo que las nuevas tecnologías lleguen a todos los trabajadores y que esto fortalezca el bienestar. Por ello, es de vital importancia que el análisis legislativo esté orientado a fomentar la inversión y generar empleos. Para esto, lejos de impulsar iniciativas que parten de consideraciones políticas, resulta indispensable promover la subcontratación y orientarla para que siga favoreciendo la capacitación, atrayendo la inversión y, con ambos factores, mejorando vida de los trabajadores.

Fuente: El Economista

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