Un avance y un retroceso: acuerdo del T-MEC y dictamen regresivo en subcontratación

Dos contradictorias noticias marcaron la agenda económica y laboral de esta semana. Por una parte, Canadá, Estados Unidos y México firmaron el protocolo modificatorio del T-MEC, con lo cual quedó asentada la última versión de un acuerdo que será un detonante para la inversión en nuestro territorio, generará confianza en los mercados y potenciará los intercambios comerciales de América del Norte. Nuestro país, al desplazar a China, se convertirá en el principal socio comercial de su vecino del norte, y la región se afirmará como uno de los bloques económicos más sólidos e importantes del mundo.

La ratificación del T-MEC, que, según recientes declaraciones de la SRE, se llevará a cabo en febrero de 2020, es una condición necesaria para que la economía nacional prospere. Deben celebrarse los frutos de las negociaciones tripartitas. Destacan, entre los logros obtenidos, las facilidades que se consiguieron para la producción de medicamentos genéricos, la suavización de las reglas de origen del acero y del aluminio para la industria automotriz y las solucio- nes en materia de supervisión laboral. Sin embargo, los alcances conseguidos constituyen sólo un primer paso para que México mejore sustantivamente la calidad de vida de sus habitantes, las condiciones de trabajo, los índices de formalidad laboral y el rezago tecnológico que pesa sobre sus hombros. Por ello, es muy alarmante el apoyo que ciertos grupos sindicales han refrendado hacia la iniciativa de ley que pretende prohibir la subcontratación, dictaminada por comisiones la semana pasada en el Senado de la República.

Nuestra nación es un saco de contradiccio- nes: mientras que el T-MEC contribuye a situar a México a la vanguardia tecnológica y laboral, algunos agentes del Legislativo están trabajando en favor de iniciativas retrógradas, que nos dejarían a la saga económica y que promoverían de manera generalizada el desempleo, la precarización y la informalidad.

Con el fin de flexibilizar el trabajo, incorporar nuevas tecnologías, hacer crecer la productividad y beneficiar a la clase traba- jadora, Estados Unidos y Canadá utilizan intensivamente la subcontratación. En ambas naciones, las condiciones laborales son mucho mejores que en nuestro país, y los principales grupos sindicales apoyan a dicho régimen. Acá, en cambio, hay quienes luchan por acabar punitivamente con un esquema legal, que ya está reglamentado y, lo que es peor, bajo el cual están inscritos más de 8 millones de connacionales y al cual recurren todos los sectores productivos, desde la industria aeroespacial en Tijuana hasta las actividades hoteleras en Quintana Roo.

Por esta razón, si realmente se desea que el país siga avanzando, es indispensable coordinar a los distintos agentes sociales y a las autoridades para orientar todas las políticas públicas en una misma dirección: la modernización y el bienestar. La subcon- tratación responsable, así como el T-MEC, constituye una directriz, pues ha probado servir a los intereses de los trabajadores. Es menester cerrar filas y no socavar con iniciativas sustentadas en agendas particulares los verdaderos intereses nacionales ni destruir los avances que, como el T-MEC, tantos esfuerzos han costado.

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