México no debe promover una fractura comercial en américa del norte

El miércoles 20 de enero, en un contexto de polarización extrema y de diversos problemas vinculados con el coronavirus, Joe Biden tomó posesión como presidente de los Estados Unidos de América. Esto supondrá un giro en la relación bilateral entre México y su vecino del norte en aspectos tan importantes como la política migratoria, la cooperación para lucha contra el crimen organizado y, en materia económica y laboral, la relación comercial de ambas naciones.

Biden pondrá en marcha la agenda del Partido Demócrata. Buscará fortalecer los derechos de los trabajadores, ayudará a la industria (en especial, la manufactura), estimulará su economía mediante un paquete amplio de apoyos, asistirá monetariamente a Centroamérica para aminorar el flujo migratorio y priorizará la industria estadounidense en todos los contratos federales (la política Made in America). Asimismo, se concentrará en la aplicación estricta del T-MEC para impulsar a América del Norte como bloque económico y para asegurar el cumplimiento cabal de los derechos laborales de la región.

En este marco, México debe mantener una buena relación con los Estados Unidos. Nos conviene aprovechar estos cambios para mejorar las condiciones de vida de los connacionales que residen al norte del Río Bravo, combatir al crimen organizado vinculado al narcotráfico, hacer crecer la economía nacional, atraer la inversión y fomentar el desarrollo social mediante empleos formales y bien remunerados.

Así, en estos momentos resultaría muy perjudicial insistir en la eliminación del outsourcing. En el T-MEC se contempla que no habrá cambios en la legislación laboral mexicana que afecten la operación de empresas estadounidenses en nuestro país. Para ello, se puso en marcha la Reforma Laboral del 1 de mayo de 2019, donde se sentaron las bases laborales mexicanas sobre las cuales se daría la colaboración en la región.

Debe tomarse en cuenta que muchas empresas estadounidenses establecidas en México y que buscan invertir en nuestro país recurren a la tercerización para poder hacer contrataciones de manera legal. El principal golpe vendría para la manufactura, ya que muchas cadenas productivas mexicano-estadounidenses utilizan la mano de obra de nuestro país. Sin embargo, también otros sectores económicos se verían sumamente abatidos si prospera la iniciativa prohibicionista.

Newmark, la empresa de asesoría inmobiliaria, aseguró que la eliminación de la subcontratación se opone al T-MEC, por lo que puede derivar en una caída de la inversión. También señaló que las controversias legales por dicha prohibición pueden llegar a los paneles internacionales. Todo esto enfrentaría a México con los Estados Unidos, desgastando los lazos que teóricamente se deben estrechar.

Tiene la misma opinión José Manuel Urreta Ortega, presidente de la Asociación Nacional de Consejos Empresariales Regionales (ANCER), quien advirtió que prohibir la subcontratación no solamente incentivaría el desempleo y la informalidad, sino que repercutiría negativamente en los proyectos de inversión para México que buscaron fortalecerse mediante el T-MEC, muchos de los cuales recurrirían al outsourcing.

Por otra parte, la prohibición de la subcontratación significaría un aumento en el trabajo informal y el desempleo, de tal suerte que, como consecuencia indirecta a mediano plazo, puede esperarse un aumento en el flujo migratorio de nuestro país hacia los Estados Unidos.

En un contexto de crisis en México y de transición política en Estados Unidos, no podemos darnos el lujo de insistir con una eliminación innecesaria que obstaculizaría los fines comunes entre ambas naciones y que generaría tensiones y desencuentros. Al contrario: hay que fortalecer la cooperación, la consecución de metas conjuntas y el desarrollo de la región.

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