Eliminar la subcontratación: la nueva cepa de la crisis

En 2020, el coronavirus se instaló en la economía y el empleo de México. Con el COVID-19, cayó el Producto Interno Bruto (PIB), se desplomó el trabajo, cerraron miles de empresas, se alejó la inversión y creció la pobreza. Fatalmente, se anticipa que en 2021 habrá una nueva cepa de la crisis sanitaria, económica y laboral: la prohibición de la subcontratación de personal.

Todo apunta a que, el 1 de febrero, cuando el Congreso de la Unión reanude sus labores, se dictaminará como preferente una iniciativa enviada por el Ejecutivo Federal al Poder Legislativo que establece la eliminación de la subcontratación, lo cual no sólo contraviene los acuerdos de las Mesas de Alto Nivel de la Cámara de Senadores a los que se llegó el año pasado entre empresas, autoridades y trabajadores, sino que también resulta muy perjudicial para México.

El outsourcing es un esquema legal, utilizado en todo el mundo, que crea empleos formales, ayuda a las empresas y fortalece las cadenas productivas y comerciales internacionales. Su eliminación pondría en riesgo los ingresos de, cuando menos, 5 millones de trabajadores registrados ante el Seguro Social, y aceleraría la veloz y lamentable contracción económica que caracterizó al 2020.

En este marco, no puede olvidarse que diversos organismos internacionales, entre los cuales destaca la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), han hecho una serie de recomendaciones para que en México se recuperen empleos, crezca el PIB y disminuya la pobreza.

Además de los apoyos fiscales y crediticios, estas instituciones han insistido en flexibilizar los esquemas de contratación, ofrecer certeza jurídica nacional e internacional para promover la inversión y fortalecer cadenas productivas transnacionales. La subcontratación no sólo contribuye, sino que es indispensable para llevar a cabo estas acciones, pues se trata de un modelo permitido en México, difundido intensivamente en América del Norte, el cual opera en todos los sectores de la economía nacional y que, especialmente, ha sido de vital importancia para empresas y trabajadores durante la pandemia.

Por otra parte, mediante capacitación e infraestructura, el outsourcing favorece el uso de nuevas tecnologías y los procesos de digitalización, lo cual ha sido ampliamente recomendado por los órganos señalados. La tercerización promueve la cooperación entre empresas y estimula la creación de empleos formales, y esto, a su vez, incentiva el desarrollo económico y combate la precariedad.

Complementariamente, el outsourcing ha estado presente en todas las actividades económicas durante los últimos años, de manera predominante en los servicios, el comercio y las industrias manufactureras. Por esto, llama la atención que, incluso en el sector agropecuario, la mayoría de los trabajadores laboran mediante algún esquema de tercerización legal, de acuerdo con recientes declaraciones de Bosco de la Vega Valladolid, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, quien se manifestó abiertamente contra la eliminación de dicho modelo.

Por otra parte, no puede dejar de señalarse que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el outsourcing es una herramienta necesaria para la distribución y la aplicación de la vacuna contra el coronavirus, por lo cual prohibir la subcontratación constituiría una negligencia sanitaria. Las autoridades de México se han sumado a la batalla internacional por conseguir dosis de vacunas; no obstante, de nada sirve comprar los fármacos si no se cuenta con centros de almacenamiento, cadenas de distribución y personal especializado que materialicen la inmunización… Es allí donde se requiere la subcontratación.

Por las razones antes expuestas, TallentiaMX hace un llamado a que no se elimine la subcontratación, sino a que las autoridades supervisen las actividades del sector, fortaleciendo la legalidad y la responsabilidad. De lo contrario, el 2021 no será el año de la recuperación, sino el de la devastación.

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