Cualquier reforma a la Ley Federal del Trabajo compromete la aprobación del T-MEC

En el contexto actual, cualquier iniciativa que pretenda reformar la Ley Federal del Trabajo podría cancelar la aprobación del T-MEC y, por lo tanto, es perniciosa para el desarrollo de nuestro país y para los mexicanos.

Con justificación, México está poniendo todo su empeño en que se ratifique el T-MEC. Las causas son evidentes: Estados Unidos es nuestro principal socio comercial (según la Secretaría de Relaciones Exteriores, en 2017 hubo entre los dos países un intercambio comercial que ascendió a los 500 mil millones de dólares).

El panorama internacional es inquietante. Mientras en Europa destacan el Brexit y los movimientos independentistas, hay una guerra comercial entre los Estados Unidos y China y somos testigos de múltiples manifestaciones sociales en distintos países de América Latina. En el ámbito nacional, el horizonte no es más promisorio: las perspectivas de crecimiento económico para este año son casi nulas y la informalidad alcanzó a más de 30 millones de trabajadores, la cifra más alta de la que se tiene registro.

De esta suerte, la aprobación del T-MEC es uno de los puntos más importantes en la agenda nacional. Para conseguirla, es indispensable diferir cualquier iniciativa que pretenda modificar la Ley Federal del Trabajo, pues el gobierno que encabeza Donald Trump, el Congreso de Estados Unidos (en especial el Comité de Medios y Procedimientos), los líderes sindicales de dicho país (destaca la AFL-CIO), diversos empresarios norteamericanos y, en síntesis, los principales agentes políticos que inciden en la aprobación del Tratado han manifestado su aprobación de las leyes laborales mexicanas.

Nuestro país debe ser especialmente cuidadoso con aquellos cambios que afecten al régimen de subcontratación laboral. Se trata de un esquema de empleo bajo el cual trabajan más de 8 millones de mexicanos, del que dependen más de 40 millones de connacionales y al que acude más del 30% de las pequeñas y medianas empresas. Además, por su flexibilidad, por los ahorros que ofrece a las empresas y, sobre todo, porque su implementación responsable puede ayudar a acabar con la informalidad y a proteger a los trabajadores, es un sistema que está en sintonía con aquello que persigue el T-MEC: generar una alianza comercial que fortalezca el crecimiento y el bienestar en América del Norte.

No debemos precipitarnos a hacer cambios a la Ley Federal de Trabajo (que incluye la subcontratación). Ya llegará el momento de diseñar cuidadosamente las reformas pertinentes para perfeccionar la subcontratación y propiciar con ello el bien de los trabajadores y la administración responsable del talento humano. De momento, la prioridad debe ser asegurar el T-MEC.

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