CORONAVIRUS: TRABAJAR PARA PROTEGER AL TRABAJO

En México y en el mundo, a la grave crisis sanitaria del COVID-19 se suman como consecuencia otras de magnitud similar: el desplome económico y la caída de los empleos. En este momento, Europa es el ejemplo paradigmático de tal fenómeno. Los efectos no se hacen esperar. Las líneas aéreas, los restaurantes, los espectáculos de todo tipo, el deporte, el turismo, cadenas de producción vinculadas con países altamente contagiados —como China— y un sinfín de actividades económicas están parcial o totalmente detenidas a causa de la pandemia.

El aislamiento social es la mejor medida de prevención contra el virus; sin embargo, constituye también un agente nocivo para la economía y los trabajos, pues muchas labores no pueden realizarse plenamente, y menos en nuestro país, donde casi el 60% de los empleos son informales y más del 15% laboran en la industria manufacturera.

A esto se añaden las bajas dramáticas en los precios del petróleo, la depreciación del peso, una falta de inversión sin precedente (debido a que no existe confianza entre los inversionistas), el déficit en la creación de empleos, las caídas de las bolsas y la desaceleración económica que arrastramos desde 2019, con lo cual llegamos a la crisis en una situación de desventaja. Index estima que la escasez de insumos, el retraso en el cumplimiento de contratos y el ausentismo por pánico generarán una caída de entre el 15% y 20% del volumen de las exportaciones en marzo.

Según estimaciones de la OIT, el coronavirus podrá acabar con cuando menos 25 millones de empleos formales a nivel mundial (más de los que se perdieron con la crisis económica de 2008 y 2009), e hizo un llamado para que los gobiernos tomen medidas con el fin de proteger a la clase trabajadora. Señaló que tiene que haber una acción internacional coordinada.

Si algo ha probado esta desestabilización cuyos últimos efectos son todavía desconocidos es que resulta indispensable fortalecer las estructuras laborales, favorecer el empleo formal, flexibilizar la jornada laboral, estimular el uso de nuevas tecnologías (para actividades como el home office) y explotar en beneficio de todos los modelos que permitan, incluso en tiempos tan aciagos, que la gente siga trabajando, percibiendo un ingreso y pagando impuestos. TallentiaMX ha insistido en que debe renovarse la arquitectura laboral del siglo XXI, pues los modelos vigentes no son suficientemente dinámicos para que la gente viva de manera digna. En las próximas semanas México habrá de resentir más que nunca la informalidad, la ilegalidad y la precarización.

Sin embargo, en estos momentos de desestabilidad, la subcontratación puede contribuir a aminorar los efectos de la pandemia. En las próximas semanas será indispensable que las unidades económicas encuentren soluciones eficientes para poder administrar su personal de manera responsable. Además, se tendrán que hacer contrataciones temporales y expeditas para el manejo adecuado de la crisis: se requerirán médicos, enfermeros, capacitadores, distribuidores de suministros y otros muchos trabajadores que de manera articulada ayuden a que juntos salgamos adelante. Para esto, la subcontratación puede servir, ya que las empresas que se dedican a ello son especialistas en gestionar y administrar profesionalmente el talento humano. Ahora más que nunca deben tejerse y optimizarse las redes de trabajo.

En este boletín, TallentiaMX hace un análisis de las consecuencias laborales que tendrá en nuestro país la crisis del coronavirus. Creemos firmemente que, con información fidedigna y por medio de un llamado a que se reorganicen de manera emergente y responsable los vínculos de trabajo, ayudamos, desde nuestro bastión, a superar el reto común. Sólo con trabajos dignos y dinámicos podemos responder con seguridad y eficacia.

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