Subcontratación en el 2020: entre el pasado y el futuro

Por Elias Micha

El 2020 será una etapa de numerosos cambios y constituye también una fecha simbólica. No sólo comienza un nuevo año, sino que nace una década. Los años veinte del siglo pasado se caracterizaron por ser un periodo revolucionario, lleno de golpes lamentables: Hitler publicó Mein Kampf, nació el Partido Nacional Revolucionario (que llegaría a ser el PRI), Joseph Stalin ascendió al poder y la crisis bursátil de 1929 sacudió la economía global.

Por este motivo, ahora que una joven administración pretende materializar una “transformación nacional” y que da inicio otro decenio, de cara a un futuro problemático y mutable, TallentiaMX, cuyo objetivo es ver por los intereses de la subcontratación responsable y sobre todo, por sus trabajadores, considera muy importante reflexionar brevemente acerca del universo laboral en nuestro país y hacer un llamado para que nuestros legisladores obren con mesura, atendiendo siempre las necesidades de modernización laboral y de mejoramiento social que México demanda.

En enero, antes de que comience el periodo legislativo, tendrá lugar en la Cámara de Senadores un parlamento abierto para discutir la prohibición o la regulación de la subcontratación, un sistema que cuando se utiliza con estricto apego a la ley puede hacer que aumente la formalidad laboral, la productividad, el uso de nuevas tecnologías (cada día más indispensables) y que dota a la economía de una flexibilidad y un dinamismo que sin duda serán una constante a lo largo del siglo XXI. No es casual que los subsectores más desarrollados como la maquila electrónica en Tijuana, la industria aeroespacial en el Bajío y las actividades hoteleras y de turismo de la península de Yucatán dependan casi enteramente de dicho esquema.

Aunque la regulación cuidadosa beneficiaría a nuestra economía y a sus trabajadores, se cierne sobre México una amenaza retrógrada: la de acabar con la subcontratación. Además de poner en riesgo el empleo de millones de mexicanos y de orillarlos a la ilegalidad, la informalidad y la precarización, se descarrilarían las perspectivas laborales y económicas del futuro. Según declaraciones de Alejandro Salafranca, titular de la Unidad de Trabajo Digno de la STPS, esto podría incrementar la dependencia económica y tecnológica de nuestro país con respecto a otras naciones más fuertes y avanzadas, reproduciendo modelos que nacieron hace exactamente cinco siglos, cuando se inauguró la dominación colonial.

Desafortunadamente, las malas prácticas de unos pocos y el empoderamiento de ciertos líderes que persiguen intereses económicos particulares y que atienden sus propias consideraciones políticas han desgastado la imagen de un régimen laboral que hoy le da empleo a más de 8 millones de connacionales y que ha probado ser útil en lugares como Estados Unidos y Canadá, naciones cuyas condiciones de vida son abismalmente superiores a las que prevalecen en nuestro territorio.

Entre el 2018 y el 2019 hubo avances sustantivos para colocarnos a la vanguardia laboral: se incrementó más de 30% el salario mínimo, se consiguió el T-MEC, se puso en marcha una reforma laboral de gran calado que defiende a los trabajadores y que democratizará a los sindicatos y se está instrumentando un sistema encabezado por la STPS para que haya inspecciones laborales efectivas. Sin embargo, TallentiaMX prevé que en el 2020 habrá una disputa entre el pasado y el presente.

Característicamente, el trabajo digno ha sido una prebenda de quienes pertenecen a las estructuras corporativistas del Estado, y México ha sido una nación que siempre estuvo a la saga tecnológica. La informalidad imperó, llegando el año pasado a la cifra más alta de la que se tiene registro. Ahora, hay indicadores de que una ventana se abre. En este nuevo camino, la subcontratación tiene un papel protagónico y debemos aprovechar su potencial. No nos queda más que esperar que los legisladores actúen con responsabilidad. Debemos participar activamente en la construcción de políticas públicas y asegurar que todos los agentes económicos articulemos esfuerzos, no para volver a ese pasado del que tanto trabajo nos ha costado liberarnos, sino para construir un futuro mejor.

Fuente: El Economista / Elias Micha

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