El coronavirus y el tiempo

Lo que necesitamos ahora es distanciarnos físicamente, para después reencontrarnos jubilosamente

Por Elias Micha

Las epidemias siempre han traído consigo enorme sufrimiento, miedo y actitudes irracionales y, por lo tanto, gran literatura. La plaga como motivo literario tiene una larga tradición; con frecuencia, las creaciones de la literatura nos parecen más reales que las descripciones de los médicos y otros expertos sobre los mismos eventos. Así, Tucídides relata lo ocurrido durante la plaga de Atenas de 430 a.C. Vívida y terrible, la descripción es magistral. Lucrecio traduce a deslumbrantes hexámetros el mismo evento en su Naturaleza de las cosas alrededor de 50 a.C. Medio milenio después, Procopio describe la plaga justiniana, de 541 a.C. que, surgiendo en Pelusio (ciudad del bajo Egipto), se dispersó a través de Egipto por un lado, y de Palestina por otro, atacando a toda la civilización clásica, atravesando Constantinopla y pasando por Gaul en 546. La plaga llegó a Italia en 543 y regresó en 565, permitiendo a los lombardos su conquista sin esfuerzo alguno. La plaga de Justiniano es recurrente hasta 750, y se le ha atribuido responsabilidad por el ascenso de la Edad Media (Creighton); algunos creen que mató al menos al 13% de la población mundial. Ahora sabemos que el patógeno que causó la plaga justiniana fue yersinia pestis, la mismísima bacteria causante de la peste negra (1347-1353). Castiglioni argumenta que la peste negra se inició en 1333 en Asia Central. Así, en 1400, Geoffrey Chaucer, en el Cuento del bulero, un relato de sus maravillosos Cuentos de Canterbury, hace una de las mejores descripciones que hay en la literatura de la plaga negra. Investigando los orígenes de estas epidemias, en un artículo publicado en Nature Genetics (42 (12) 1140-1143) en 2010, Giovanna Morelli y colaboradores trazan la cepa más basal de yersinia pestis a la región de Qinghai en China. El énfasis evoluciona volviéndose más y más personal a cada paso (ya, en Chaucer, los personajes tienen vida individual), así para la epidemia de la influenza española de 1918, hay un peculiar silencio literario que Virginia Woolf comenta en su profunda meditación On being ill. Algo queda claro de las lecciones del pasado, las epidemias han acabado con imperios, civilizaciones y más aún, modos enteros de ver el mundo.

Los ciclos de la historia continúan: hoy la sociedad del capitalismo tardío se enfrenta a una pandemia sin precedentes en la memoria reciente. Esta vez es diferente, siempre lo es. En el seno de la era de la información (y la desinformación), la epidemia del coronavirus está llena de incertidumbre científica. Hay mucho que no sabemos.

La tasa de mortalidad del virus COVID-19 es desconocida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima dicha tasa en algo entre el 3 y el 4% (como punto de comparación la influenza tiene una tasa de mortalidad de 0.1 por ciento), es decir, si los números de la OMS son acertados podemos esperar al menos 30 veces el número de muertos que los que causa la influenza. Dado que la influenza mata algo como 8 mil personas al año, tomando cifras conservadoras, podríamos tener 30×8000= 240 mil muertos de SARS-CoV-2 en unos cuantos meses.

Para tener las cosas en perspectiva entre 2006 y 2012, en la guerra contra el narcotráfico en México, murieron 60 mil personas, en seis años. Usando las cifras de la OMS, uno también podría estimar que habría al menos 10 veces eso, es decir, como 2 millones 400 mil enfermos hospitalizados por este padecimiento en tres meses.

Estas cifras son suficientes para causar problemas serios a los enfermos de todos los otros padecimientos que se atienden en los hospitales del país. Pero, en realidad, no sabemos: los números anteriores son estimaciones ni pesimistas ni optimistas, pero sólo son estimaciones. Es precisamente cuando hay mucha incertidumbre en nuestros datos que debemos aplicar el principio precautorio. Lo cierto es que como dice la revista médica The Lancet, “Este coronavirus no es benigno, mata”. Otra vez, en palabras de The Lancet: “La difícil verdad es que los países en la mayor parte del África subsahariana, por ejemplo, no están preparados para una epidemia de coronavirus. Y tampoco lo están muchas naciones de América Latina y Oriente Medio. Medidas de salud pública, tales como la vigilancia cercana de infectados, el rastreo exhaustivo de contactos, el distanciamiento social, las restricciones de viaje, la educación del público sobre la higiene de las manos, la garantía de vacunas contra la gripe para personas frágiles e inmunocomprometidas y el aplazamiento de operaciones y servicios no esenciales, desempeñarán su papel en retrasar la propagación de infección y presión de dispersión en los hospitales”.

¿Cuántos contagiados hay? Dado que no sabemos cuánta gente está contagiada en México ni en el mundo (porque muchos portadores del virus no presentan síntomas, porque algunas de las personas que presentan síntomas no están siendo diagnosticadas) es muy difícil de contestar.

¿Qué tan rápido se está extendiendo el coronavirus? Curiosamente, esto es más fácil de entender que calcular el número exacto de contagios.

De lo que sí estamos seguros, gracias a los datos de la OMS, es que, como es usual es este tipo de epidemias, el crecimiento es exponencial y esto nos dice prácticamente todo lo que necesitamos saber, porque las exponenciales se pueden clasificar en dos tipos, las rápidamente crecientes (exponente positivo) y las rápidamente decrecientes (exponente negativo). El crecimiento de los nuevos casos del COVID-19 afuera de China es del 15% diario, de acuerdo con estos datos.

Para comprender un crecimiento exponencial con mayor claridad, imaginemos una deuda de $10.00 al 15% de interés diario. En la siguiente tabla podemos ver que, al 15% de incremento diario, si comenzamos con una deuda de 10 pesos, en cuatro meses deberemos 192 millones de pesos. Análogamente, si en la Ciudad de México hoy hubiese solamente 10 casos de COVID-19 y asumimos el crecimiento normal del 15% diario que predice la OMS, en tres meses y medio, toda la población de la ciudad estará infectada; suponiendo un muy optimista índice de mortalidad de la mitad del 1%, estamos hablando de 100 mil muertos y un millón de hospitalizados tan solo en la capital del país.

Figura 1: Predicción del curso de la infección de COVID-19 en los próximos días en el país, usando un modelo logístico. Asumimos que no hay vuelos cancelados, monitoreo en el aeropuerto ni medidas de distanciamiento social. En el eje horizontal está la fecha futura próxima; en el eje vertical, el número de infectados por el virus. De estos infectados, aproximadamente 1% morirán y el 10% requerirán hospitalización. El número total de infectados se estabiliza en el 70 por ciento. La epidemia empieza a ceder el 21 de junio de 2020; aún así, se duplica el número de infectados rápidamente. El total de infectados alcanza los 80 millones requiriendo 8 millones de hospitalizaciones y matando a 800 mil personas (más de diez veces el número de muertos en la guerra contra el narcotráfico de 2006-2012, pero, en esta ocasión, en cuestión de meses).

Un crecimiento exponencial de esta naturaleza “romperá” la barrera de la capacidad médica del país.

Figura 2: Sin cancelaciones de vuelos ni medidas de distanciamiento social el crecimiento exponencial está en el área roja, superando la barrera de los servicios médicos. Con medidas de distanciamiento social y disminución de vuelos nacionales e internacionales, la curva “se aplana”, permitiendo a los servicios médicos superar la crisis. Esta gráfica, publicada por The New York Times, fue adaptada del CDC y del semanario británico The Economist.

¿Qué hacer ante un panorama tan desolador?

La buena noticia es que se conoce un método que convierte la curva roja en la azul; este método se inventó en la Edad Media (se lee el ya en el Decamerón (1353) de Boccaccio) y es, hoy por hoy, el único método fiable ante esta situación: el distanciamiento social. Esta es la manera como China y Corea del Sur han controlado sus epidemias.

Desde el punto de vista matemático, el exponente de crecimiento (el 15%) depende de dos variables: la probabilidad de contagio P, y el número de interacciones promedio del agente infectado E. Debemos bajar P y E para entrar en el área azul.

Cómo bajar la probabilidad de contagio P. (a) Lavándose las manos obsesivamente, usando tapabocas si se está infectado, pero, dado que, en la realidad, es extremadamente difícil saber si se está infectado (se puede ser asintomático) es mejor que el gobierno federal regale tapabocas a todo el mundo. Lo mismo se puede decir del gel antiviral; el gobierno debe producirlo y regalarlo a toda la población en abundancia.

Cómo bajar el número E de interacciones promedio diarias de una persona infectada. (a) Cerrando de inmediato escuelas, oficinas federales, cancelando todo evento masivo de más de 10 personas, mandando a quien se pueda a trabajar remotamente en su casa, cerrando cines y teatros, suspendiendo el Vive Latino, etc. Cada acto de distanciamiento social bajará el exponente de crecimiento. (b) Cancelando el número mayor de vuelos (especialmente 5 de países con epidemias rampantes) de inmediato. (c) Haciendo ampliamente disponibles y gratuitas las pruebas de COVID-19 y dando seguimiento y aislamiento a los involucrados.

La probabilidad de extinción de la especie humana aumenta con el número de vuelos que siguen en funcionamiento cuando aparece un nuevo patógeno. COVID-19 sigue mutando y, mientras más personas infecta, más alta es la probabilidad de que se vuelva letal en un mayor rango de edades.

Es un poco contraintuitivo, pero la cancelación del máximo número de vuelos no críticos es vital para pasar esta crisis. Los Estados Unidos, China, Argentina, Rusia, etcétera ya lo hicieron. El tiempo. Sin embargo, todo este proyecto de control de la epidemia es extremadamente sensible al tiempo ¿Cómo cambia el número de infectados si dudo en tomar la decisión y la pospongo por un solo día?

Figura 3: En este modelo de la epidemia de coronavirus en enero de 2020 en Hubei, China comentado en Coronavirus: Why You Must Act Now (Tomas Pueyo, Medium, 10 Marzo de 2020) el autor comenta: “En este modelo teórico que se asemeja a Hubei, ¡esperar un día más crea un 40% más de casos! Entonces, tal vez, si las autoridades de Hubei hubieran declarado el bloqueo el 22 de enero en lugar del 23 de enero, podrían haber reducido el número de casos en la asombrosa cifra de 2 mil personas. Las medidas de distanciamiento severo deben tomarse hoy, no mañana.

De acuerdo con el gran experto del riesgo Nassim Taleb, el principio precautorio establece que si una acción o política tiene un posible riesgo de causar un daño severo al dominio público (que afecta la salud general o el medio ambiente a nivel mundial), la acción no debe tomarse en ausencia de certeza científica sobre su seguridad. Uno puede escuchar declaraciones diciendo cosas como “no hay evidencia de que no cancelar vuelos provoque epidemias”, pero esto es un error muy grave de razonamiento que confunde la ausencia de evidencia de daño con la evidencia de ausencia de daño.

Es insuficiente que no haya evidencia de que fumar haga daño, lo necesario para las compañías cigarreras siempre fue producir evidencia de que fumar no causa daño. Asimismo, no basta decir que no hay evidencia de que no cancelar vuelos cause epidemias, el interlocutor debe producir evidencia de que no cancelar vuelos no promueve epidemias. Citando a Taleb: “La paranoia es la mejor estrategia para sobrevivir […] La paranoia es la mejor estrategia de supervivencia. El optimismo es malo. Los sicólogos siempre dicen que infravaloramos la posibilidad de que se produzca una catástrofe. Yo te hago una simple pregunta: ¿prefieres que tu piloto de avión sea un pesimista o un optimista? […] Respondo yo: necesitamos que nuestros líderes sean pesimistas”.

Lo irracional en estas situaciones es actuar como si no pasara nada.

El lector interesado en unirse a la lucha contra el coronavirus puede ingresar a: https://www.endcoronavirus.org/ Para las personas con capacidad de tomas de decisiones recomiendo leer el documento que se encuentra en el siguiente link:
https://static1.squarespace.com/static/5e5fbdcf1da2a64b0677b215/t/5e6aa4ce3eac684be604f4a3/1584047310342PolicyMakers.pdf

El efecto mariposa (concepto que se aplica a los sistemas dinámicos caóticos) nos dice que cambios insignificantes en las condiciones iniciales tendrán monumentales consecuencias con el tiempo. Estamos ante un dramático ejemplo del efecto murciélago, mutaciones invisibles en un virus microscópico en un murciélago del otro lado del mundo han cambiado ya la historia de la humanidad en el siglo XXI ¿Podrá la sociedad en su conjunto, con todo su ingenio y su creatividad, estar a la altura del reto? Para lograrlo, lo que necesitamos es distanciarnos físicamente, para después reencontrarnos jubilosamente.

Elias Micha es matemático egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, con grado de Doctor por la Universidad de Oxford en Gran Bretaña.

Fuente: Excélsior / Elias Micha

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