¿Quién mucho abarca, mucho subcontrata? Hablamos de la subcontratación

Fuente: Deusto Formación

De muchos es conocida la frase popular “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Si esto lo llevamos al terreno de los negocios, nos puede hacer reflexionar sobre cómo gestionamos las actividades de nuestra empresa, qué costes nos suponen y qué tenemos que hacer para mejorar nuestra eficiencia y potenciar el crecimiento. Esto está directamente relacionado con el concepto de la subcontratación que, en ciertas áreas de negocio y dependiendo del tipo de compañía y de la fase de crecimiento en la que se encuentre, nos puede aportar grandes beneficios y ser una estrategia clave.

Subcontratación: ¿qué, cómo, cuándo?

subcontratación

Entendemos por subcontratación cuando una empresa contrata los servicios de otra para que realice ciertas actividades. Por ejemplo, en el caso de los envíos de paquetería, la empresa no realiza los envíos directamente sino que contrata los servicios de una empresa logística para que realice esta actividad en su nombre. El concepto es claro y sencillo pero ¿Qué es lo que debemos subcontratar y qué no? ¿Cuándo debemos hacerlo? ¿Qué acuerdos tenemos que formalizar con nuestros proveedores? ¿Realmente nos sale a cuenta? Todas estas preguntas nos las tenemos que formular para decidir qué línea estratégica tomar y no solo nos las tenemos que hacer cuando nos planteamos el hecho de subcontratar algunos servicios, sino que nos las tenemos que formular de forma regular para poder realizar todos los ajustes necesarios según cada una de las fases y ciclo de vida de la empresa.

Un servicio que inicialmente es externo puede pasar a ser interno y viceversa. Como teoría general se recomienda externalizar aquellos servicios que, dentro de la cadena de valor de la empresa, están más alejados de las actividades esenciales del negocio y que son menos importantes para la operativa del negocio. Algunos ejemplos de ello puede ser el servicio de limpieza, seguridad, formación, prevención de riesgos laborales. En cambio, como norma general, la producción, fuerza de ventas, investigación y desarrollo, servicios de calidad y contabilidad son más difíciles de externalizar. Esta es la teoría general pero en algunos negocios puede ser imprescindible externalizar servicios que tienen un alto valor e importancia pero que por su especialización, coste o tecnología hacen que sea casi imposible tenerlo internamente. En este caso, se externalizan no por baja importancia en la cadena de valor sino por la complejidad y coste de desarrollarlo en la empresa.

Otra circunstancia en la que puede ser interesante externalizar ciertas actividades o parte de las actividades que se realizan internamente es en las épocas en las que la producción y la demanda fluctúan. En estos casos, optar por la vía de la subcontratación ya sea de personal o de proveedores externos nos puede ayudar a no sobrecargar los costes de la empresa con una plantilla que luego, por falta de demanda, no será viable mantener.

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