Lectura recomendada No. 3

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La mala asignación del capital humano

Te recomendamos leerlo porque este texto analiza cómo el entorno social y económico en México provoca una mala asignación de capital humano, lo cual a su vez afecta la productividad del país y su crecimiento económico.

Un dato: Durante los últimos 25 años en México, las tasas de cobertura en educación preparatoria y universitaria pasaron de 23% a 65% y de 13% a 33%, en tanto que el crecimiento acumulado del PIB per cápita en México fue de 25.7%, el segundo menor en América latina.

Síntesis

El tema de la mala asignación del capital humano es desarrollado dentro del libro “Esfuerzos mal recompensados, la elusiva búsqueda de la prosperidad en México” (BID, 2018) escrito por Santiago Levy.

El libro parte de la premisa siguiente: A partir del análisis de los datos en el periodo de 1996 a 2015, se establece que a pesar del aumentado capital humano (en cantidad y calidad) y de existir inversión de capital físico, en un contexto de régimen de libre comercio adecuado y política monetaria sensata, en México se ha estancado el crecimiento de la productividad (y por tanto el crecimiento del país), debido a que persistente una mala asignación de recursos.

Para Levy, la mala asignación es una situación en que la distribución de individuos entre diferentes ocupaciones, la distribución de empresas entre diferentes sectores o tamaños, y la correspondencia entre empresas y trabajadores de diferentes habilidades, distan mucho de ser óptimas.

En el Capítulo 6 del libro se analiza la siguiente situación: trabajadores empleados en empresas donde su capital humano no es utilizado plenamente. En él se documenta que México experimentó grandes aumentos en escolaridad entre 1996 y 2015 y que la calidad de la educación aumentó. Por lo tanto, ha habido una mejora inequívoca en el capital humano en el país, lo cual contrasta con el cercano a cero o negativo aumento de la productividad agregada en México.

Estos dos hechos ponen de relieve que no existe una relación automática entre mejorar el capital humano y aumentar la productividad. Que aumente o no, dice el autor, dependen de las políticas e instituciones que determinan la asignación de capital humano.

En el capítulo se desarrollar la tesis que la mala asignación no proviene de las condiciones asociadas al propio capital humano (calidad y cantidad), sino que el entorno social y económico (E(L,T,M)) de México asigna mal el capital humano que los trabajadores acumulan antes de ingresar en la fuerza laboral, que limita sus oportunidades para adquirir más capital humano mientras se encuentran en la fuerza laboral; y que reduce sus incentivos para invertir en educación antes de ingresar en la fuerza laboral.

Indicadores de la calidad de la escolaridad. Dicho capítulo empieza analizando la evolución de la calidad de la educación en México entre 1996 y 2015, con estudios de la UNESCO, OCDE y de la SEP, se observa que la cantidad y la calidad de la educación, tanto de la básica como de la superior, aumentó. El capital humano de México mejoró inequívocamente en las últimas dos décadas.

Relación entre capital humano y productividad. Observando que en México ha aumentado la cantidad y calidad del capital humano, pero la productividad no ha crecido, el autor establece que se puede concluir que hubo una desviación considerable en la relación positiva entre la educación y el producto, provocada por el entorno social y económico del país, que puede asignar mal a aquellos trabajadores más educados.

Niveles de escolaridad y demanda laboral. Se establece que la composición por nivel de escolaridad de la demanda de trabajo depende de la distribución de las empresas por tamaño. Las empresas grandes y formales necesitan capital humano de mayor escolaridad, en tanto que las pequeñas e informales utilizan de menor escolaridad. En México predominan las empresas informales (51% en manufactura, 81% en comercio y 88% en servicios).

Cuando, debido al entorno social y económico, hay demasiadas empresas pequeñas de baja productividad con tecnologías simples y muy pocas empresas grandes y productivas con procesos más complejos, la demanda por trabajadores con más años de educación se reduce y también se reducen sus salarios.

En México se observó que, en un periodo de 15 años, la oferta de trabajadores con preparatoria terminada o educación universitaria creció, en tanto que la proporción del empleo en las empresas muy pequeñas y pequeñas aumentó en 3.6% y la proporción en las empresas informales aumentó en 17.5%. Lo que da como resultado, un exceso de demanda de trabajadores con más educación, en un entorno de pequeñas empresas informales.

Oportunidades para adquirir capital humano. El autor analiza las oportunidades disponibles para que los trabajadores mexicanos adquieran capital humano después de completar su ciclo escolar y aumenten sus ingresos a lo largo del tiempo, como resultado del aprendizaje y la experiencia adquirida en el trabajo.

Dice que para que los trabajadores acumulen capital humano dependen de la naturaleza de las empresas y de la rotación de trabajo en las mismas. Las personas que trabajan en empresas informales de corta vida o pequeñas empresas tienen menos probabilidades de capacitarse. Además, las altas tasas de entrada y salida de las empresas implican que los trabajadores tienen una permanencia breve en sus empleos y que no disponen de tiempo para capacitarse en las empresas. Lo anterior es el común de los empleos en México.

Lo que muestra también que el entorno social y económico de México, junto con una dinámica empresarial disfuncional (explicada por el autor en otra parte del libro), limita las oportunidades de los trabajadores para adquirir capital humano mientras se encuentran en la fuerza laboral y, a su vez, limitar su potencial para aumentar sus ingresos a lo largo de toda su vida.

En este contexto, cuando los jóvenes que estudian y trabajadores se dan cuenta de que los beneficios de adquirir educación son reducidos por la mala asignación, invierten menos en educación y, por lo tanto, ingresan en la fuerza laboral con menos años de escolaridad.

Fuente: BID

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